El cielo estaba completamente oscuro. Las densas nubes grises anunciaban la ya inminente tormenta que se cernía sobre la ciudad. Francisco suspiró nervioso y miró por la ventana. De haber sabido que una tormenta de tal magnitud iba a caer precisamente ese día, tal vez no la hubiera llamado.
Respiró profundo antes de abrir la puerta. ¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido tan nervioso? No lo sabía. Tal vez porque jamás lo había hecho. Se sentía ansioso, nervioso y con un nudo en la garganta.
—Pasa —dijo él. Ella obedeció y se sentó en el sofá mientras Francisco cerraba la puerta. —¿Quieres algo de tomar?
—Acabo de almorzar —respondió ella —pero gracias.
—¿Cómo has estado? —preguntó él —¿Cómo va todo con…
-Bien -respondió ella-
El sonrió, y aunque eso no era precisamente lo que iba a preguntarle, se alivió de tener más tiempo antes de llegar al tema.
—Me alegro —sonrió —
Ella soltó una pequeña risa .
—Te extrañaba, Franky.
Él no dijo nada. Suspiró y decidió que lo mejor sería terminar con eso de una vez. Sin anestesia. Sería menos doloroso así, aunque dudaba que de verdad influyera en algo.
—Supongo que estarás preguntándote porque te llame —dijo, cambiando bruscamente el tema al tiempo que se sentaba frente a ella.
—Pensé que ya no ibas a hablarme jamás —respondió ella. —Aún no sé porque dejaste de hacerlo, no se porque renunciaste , no se nada .
—Lo sé. Y lo siento. Es solo que… necesitaba aclarar tantas cosas.
—¿Qué cosas? ¿No podías habermelo dicho? Podría haberte ayudado, Franky.
—No.
Ella lo miró, luciendo herida y él se odió, pero ella no entendía, aún no podía hacerlo.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Ahora si vas a decírmelo?
—Deja que me prepare psicológicamente.
Nikki soltó una carcajada y Francisco sonrió. Tal vez aún quedaba algo por salvar. Ella se levantó y se sentó junto a él.
—No puede ser tan grave…
—No lo es —dijo el, mirándola a los ojos —Al menos no para ti.
—¿Entonces?
—¿Recuerdas cuando fue la última vez que nos vimos?
—Claro que sí. En mi fiesta de compromiso. Pero tu te fuiste, te fuiste durante el brindis…Renunciaste, y mi mamá me lo dijo al día siguiente .
—Es que no me sentía bien. Ya no quería estar ahí .
Ella tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a mirarla a los ojos de nuevo.
—Me preocupas, Franky. ¿Qué demonios te sucede? ¿Qué es tan grave que no puedes compartirlo ni siquiera conmigo?
—No estoy tan mal. —Se defendió él, ignorando las nauseas que sentía, y los nervios de tenerla tan cerca. —Estuve peor.
Un trueno resonó por el apartamento. La lluvia aún no había comenzado a caer, pero no pasaría mucho antes de que lo hiciera. Ella lo miraba demostrando toda la preocupación en sus ojos.
—Sabes que puedes decirme lo que sea, -susurró, haciéndolo sonreír. —Aún eres mi mejor amigo.
Él suspiró y supo entonces que era el momento.
—Te quiero Nikki.
—Y yo a ti, Franky.
El brillo del anillo que llevaba en la mano izquierda lo distrajo, apartándose de ella.
—No, no entiendes.
Nikki se apartó de él.
—¿Quieres saber porque me renuncié justo el día de tu fiesta? —Ella solo lo miró, confundida. —Porque no pude resistir ver a la mujer que amo comprometiéndose con otra persona. —dijo bajando la mirada.
—Lo siento —susurró después, atreviéndose a mirarla. Ella se había levantado del sofá y tenía la cara hacia la ventana, contemplaba la lluvia y se mordía el labio, como siempre que estaba nerviosa.
—¿A que juegas, Guzmán ?
—¿Qué quieres decir?
—¿Estás hablando en serio?
Se sentía ofendido. ¿Por qué no le creía?
—Jamás he hablado tan enserio en mi vida.
—¿Por qué jamás lo dijiste?
—por que tu solo me veías como tu guardaespaldas y si quieres que te diga la verdad, creo que he estado enamorado de ti por más de la mitad de ese tiempo. Pero yo sabía que tu no sentías lo mismo y siempre he preferido tenerte cerca como amiga antes que perderte por mis sentimientos.
Ella lo miró. Por alguna razón, tenía los ojos brillantes, como si estuviera conteniendo las lágrimas.
—No te creo.
—¿Y que quieres que haga para que me creas? ¡Me conoces! No mentiría con una cosa así.
La voz se le quebró. Las lágrimas de ella se habían desbordado, y a él estaba a punto de pasarle lo mismo. No entendía porque ella estaba llorando. No era ella quien estaba sufriendo por un amor no correspondido. Se acercó a ella y la abrazó. Aún si tenerla cerca sabiendo que era de otro hombre le dolía más que nada que podría imaginarse, no podía verla triste.
—¿Por qué estas llorando?
Las luces del apartamento se apagaron de repente. La tormenta ahora descargaba toda su furia contra la ciudad, las gotas comenzaban a escucharse a gran volumen contra las ventanas y Nikki se aferró a Francisco. Siempre le habían aterrado las tormentas.
—Me siento como una tonta.
El levantó su rostro suavemente para que lo mirara.
—Lo siento. No debí haberlo dicho.
—No —dijo ella —No lo sientas. —y entonces lo besó.
Un roce de labios al principio, delicado, como si no estuviera segura de lo que hacía. Francisco tardó un segundo en reaccionar y rodear su cintura con sus brazos, a lo que ella respondió rodeando su cuello. El besó se intensificó, Nikki abrió los labios, dando paso a Francisco que exploró cada rincón de su boca con la lengua, haciendo que ella soltara un gemido.
El se separó, ahora consciente de lo que estaba haciendo, pero ella no lo soltó.
—Nikki…Esto no está bien.
Ella sonrió, casi maliciosamente y volvió a posar sus labios sobre los de el.
—¿Y si dejas de pensar por un momento en lo que está bien? Por una noche… Solo una noche…
—Nikki, estas compr…
Francisco dejó salir un suspiro cuando sintió los labios de ella sobre su cuello. Si ella quería provocarlo, entonces el le daría lo que quería. Levantó el rostro de ella y volvió a besarla ferozmente. Nikki puso sus manos bajo la camisa de Francisco y el se estremeció al contacto frío.
—¿Demasiado frío? —Preguntó ella con una risita cuando termino de quitarle la camisa.
—Creo que estas borracha —respondió el —¿Estas segura de que quieres hacer esto?
—No he tomado absolutamente nada — Dijo ella, y él supo que era verdad —Y si sigues preguntándome, voy a matarte.
—Tu lo quisiste —rió él y le dio un corto beso en los labios antes de comenzar a bajar por su cuello.
Ella se estremeció ante el contacto de los labios de el con la piel desnuda de su escote. Lentamente, el le quitó la blusa, dejándola únicamente con el sostén negro.
—Dios…
¿Cómo hicieron para llegar a la cama? Ninguno lo supo. La habitación se iluminaba de vez en cuando por los relámpagos de la tormenta y los truenos y las gotas que habían comenzado a caer incanzablemente sobre el tejado y contra las ventanas ahogaron las voces y los suspiros.
El cielo estaba completamente claro cuando se levantó. Era probablemente medio día y el sol brillaba como si jamás hubiera habido nubes, a pesar de que los charcos en las calles y techos de las casas decían lo contrario. Se sorprendió al sentir el calor de otro cuerpo junto al suyo, pues a pesar de que recordaba exactamente lo que había pasado la noche anterior, se imaginaba que se iría antes de que el despertara, que se arrepentiría por lo que había pasado.
Pero no. Allí estaba ella, despierta, mirándolo con esos ojos que lo desarmaban, trazando figuras en su pecho. La sábana la cubría hasta el pecho y el cabello estaba desparramado por la almohada.
Sonrió, y él le devolvió la sonrisa.
—¿Llevas tiempo despierta? —preguntó.
—No mucho. —respondió, aún sonriendo. —Te ves adorable dormido, ¿lo sabías?
—¿Es la primera vez que lo notas? —Ella soltó una carcajada y puso una mano en la mejilla de él.
—Jamás te había visto dormir así... Sonriendo.
—Jamás había dormido tan bien. —respondió el, y le besó la frente. Nikki lo miró sonriente y le besó el hombro.
—Te quiero, Franky. —dijo ella, apoyando la cabeza en su pecho. —Siento todo esto.
—¿Sientes… —la voz se le quebró. Tal vez, solo tal vez había tenido la mínima esperanza….
—No me malinterpretes, no me arrepiento de lo que pasó ayer. —sonrió —Solo… Dios, ojala me lo hubieras dicho antes… —Francisco la miró confundido y ella le acarició la mejilla —No se porque demonios pensaste que jamás sentí nada por ti. —rió —¿Sabes que todos en la escuela se burlaban de mí por eso?
Francisco se quedó callado, sin poder creer lo que estaba escuchando. Ella bajó la mirada, y el supo entonces que las cosas no habían cambiado.
—Vas a volver con Roy, ¿verdad?
Era más una afirmación que una pregunta. Sintió la misma opresión en el pecho que el día de la fiesta de compromiso, solo que cien veces peor, porque sabía que ella sentía (o había sentido) lo mismo
Nikki no lo miró, sino que giró la cara hacia la ventana y dejó caer su cabello para ocultar su rostro. Francisco se levantó y se puso los bóxers, tratando de contener el torrente de sentimientos que lo recorrían.
—Franky...
Escuchó que lo llamaba, pero el no quería escucharla. Lo había arruinado todo, su confesión….¿Como dejó que pasara?
Salió al balcón.Nikki podía aparecer en cualquier momento, pero el sabía que no lo haría. No ahora.
¿Por qué habían hecho eso? El se le había declarado, habían pasado la noche juntos, y ella le había dicho que lo quería. ¿Por qué eso no era suficiente? ¿Por qué?
Se apoyó en la baranda y suspiró. Ella estaba jugando con él. Eso había hecho. Llamarla había sido un error. Decirle todo había sido un error. ¿Y ahora?
—¿Franky?
Él no se giró. No quería verla. ¿Por qué no se iba? ¿Por qué tenía que torturarlo de esa manera?
—Lo siento…
Sintió como su mano se posaba en su hombro. No se movió.
—Solo vete, Nikki. Por favor, si vas a volver con Roy hazlo ahora.
—Franky ...
Él la miró y la vio con la camisa que el tenía puesta el día anterior. Suspiró
—Te amo, Nikki .Siempre será así, pero… no puedo verte ahora.
—También te amo —dijo ella, abrazandolo por detrás y dándole un beso en la espalda. —Siempre vas a ser a quien más he amado. Y si las cosas hubieran sido diferentes…
Francisco nunca supo que hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes. Nikki se fue y el se quedó en el balcón. Escuchó como cerraba la puerta e incluso vio su auto alejarse.
Tal vez… Solo tal vez, algún día las heridas sanarían, y el podría volver a pensar en esa noche como un recuerdo, en vez de una de las más dolorosas y hermosas de su vida.

Dios mio! Porque se fue? lloro!
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